Venta De Chicha Artesanal Organica

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Venta De Chicha Artesanal Organica

		En Bogotá hay un museo dedicado a la Chicha 
Bogotá 
28 Jul 2017 - 10:00 PM 
Mónica Rivera Rueda 
La chicha, el zhuke, el guarapo y el chirrinchi son bebidas ancestrales que fueron quedando en el olvido tras la masificación de las cervezas y una campaña de desprestigio. Hoy, en el centro de la capital se desarrollan actividades para recuperarlas. 
 
Alfredo Ortiz creó el Museo de la Chicha para recuperar los saberes ancestrales detrás de su consumo. Cristian Garavito 
Hartar chicha es todo un arte. Tomar alguna de las bebidas ancestrales de los indígenas de la sabana cundiboyacense no se hace simplemente para emborracharse. Cada una fue creada con un fin específico y en su tiempo fueron usadas como líquidos depurativos, medicinales y alimenticios. 
Tener en las manos una chicha, un guarapo, un zhuke o un chirrinchi es un ritual. “Hay una forma de degustarla y es toda una experiencia. Nos enseñaron a consumir rápido, pero primero se debe batir en circulo, luego se sirve, se huele y eso transporta a los orígenes campesinos. Nos hace recordar de dónde somos. Ahí se toma, se pone un sorbo debajo de la lengua y viene toda la explosión de sabores. Se hace agua la boca y en ese momento se traga”, dice Alfredo Ortiz, quien dirige el Museo de la Chicha, en el centro de Bogotá. 
La galería es nueva y está en una de las casas que rodean el restaurado Chorro de Quevedo, donde esta semana volvió a brotar agua de la pila simbólica, después de 31 años sin funcionar. 
De entrada, Ortiz lo deja claro: el principal fin de abrir el museo es recuperar el origen, la identidad y la memoria de las cuatro benditas. La primera es la chicha, la más reconocida y la principal bebida del pueblo muisca. Su verdadero nombre es facua y El zhuke es la segunda bebida ancestral que surge de la fermentación del maíz y su uso era estrictamente ceremonial y festivo 
Las cuatro bebidas se siguieron tomando incluso después de la fundación de Bogotá y tuvieron auge en la comunidad por varios siglos. Sin embargo, con la llegada de las fábricas de cerveza, dice Ortiz, comenzó una campaña de desprestigio contra ellas, en especial contra la chicha. 
Desprestigio 
Oficialmente, desde 1995, en el barrio La Perseverancia se empezó a hacer el Festival de la Chicha, la Vida y la Dicha, en el que se hace un recorrido por el origen de la bebida, con el fin de mantener la costumbre ancestral y promover su elaboración y consumo con prácticas higiénico-sanitarias. Ha sido tal su éxito que en 2004 el Concejo lo declaró Patrimonio Cultural de Bogotá. En los últimos tiempos se ha hecho popular su producción a menor escala en sectores como La Candelaria. 
Se hace la ofrenda y se bendice, pero nada con religiosidad. Todo es con espiritualidad”. Esto lo tiene claro porque, antes de abrir el museo, realizó un trabajo de investigación sobre la bebida, que comenzó con su proceso de cambio espiritual el 21 de diciembre de 2012, cuando se cumplió el fin del ciclo maya. 
Para Ortiz, hacen parte de la memoria del país y su labor con ellas es devolverles su lugar. No como bebidas alcohólicas, porque en el momento de su creación no tuvieron ese fin, sino como bebidas que han sido ceremoniales, medicinales y alimenticias.
	

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